El Santo Sepulcro:

LA TUMBA NUEVA

 

 

En definitiva, los hallazgos arqueológicos permiten afirmar que es históricamente verosímil que Jesús, después de morir crucificado en el Gólgota, fuera enterrado en un sepulcro nuevo situado en las proximidades, según el dibujo que antes hemos visto. En este  sepulcro, propiedad de José de Arimatea, tuvo lugar la resurrección de Jesús. 

Junto con las apariciones del Resucitado, el sepulcro vacío fue en esos primeros momentos un testimonio claro para la primera comunidad de la plena realidad de la resurrección de Jesús. Por ello,  es lógico suponen que la primera comunidad conservase  un recuerdo claro del lugar en el que se hallaba el Sepulcro, el cual debió de ser objeto muy  pronto  de culto por parte de los cristianos de Jerusalén. 

El levantamiento judío de los años 68 al 70 y la destrucción del Templo pudo influir de algún modo en el culto de la comunidad judeocristiana respecto del Santo Sepulcro. Parece que la comunidad cristiana, poro antes de la destrucción del templo el año 70, emigraron a Pella para librarse del asedio de la ciudad. Pero lo más probable es que la mayor parte de esta comunidad volvió a Jerusalén tan pronto como fue pacificada Judea en torno al año 73.

 Según señala Florentino Díez Fernández, todos los pormenores "corroboran la presencia de una comunidad cristiana en Jerusalén hasta el año 135, dirigida y representada por una serie de obispos que fueron depositarios de la doctrina de los apóstoles y de las tradiciones de la comunidad cristiana de Jerusalén". Y sería temerario pensar que los cristianos que vivían en Jerusalén y en los alrededores desconocían la ubicación del Calvario y del Santo Sepulcro, los lugares más íntimamente ligados a la fe cristiana. Además, la peregrinación a estos lugares fue constante desde el comienzo de la Iglesia.

Lo que sí es claro es que la ruptura decisiva se produjo con el segundo levantamiento judío y la consiguiente victoria romana y completa destrucción de Jerusalén en el año 135.

 

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